jueves, 5 de marzo de 2009

… y todavía reverdecen

El deseo tiene figura cansada, mirada alerta, arrugas y ya peina canas. Ya llegó la legión de veteranos por sus fueros desde temprano a la Expo Sexo 2009.

Como en una misión secreta, muchos se embarcaron por cuenta propia, no obstante, otros se hicieron acompañar de sus queridas viejitas, o sus amigos de toda la vida.

“De esto no hay todos los días, así que hay que darles chance”. La menuda mujer comparte generación con el hombre cuya sonrisa le rompe el duro rostro por la mitad. Pregunto de dónde viene, y él responde como niño feliz, aquí soy, de aquí soy, jejeje.

Se tomó una fotografía que le costó 50 pesitos con dos muchachitas disfrazadas de colegialas y sendos antifaces; buenas como el pan, no tan carnosas como las estrellas de sus años húmedos, pero ricas de principio a fin.

Viene acompañado de su cuñada y de su hijo, el hombre moreno y bigote atufado. Las mujeres también lo gozan, y bromean con él. “Ándale, ándale ya se te hizo, luego no te quejes ¿eh?”.

Algunos de estos veteranos de las guerras sensuales de su juventud lucen desencanchados, fuera de lugar, pero otros recuerdan viejos tiempos y disfrutan el olor a culo joven, a coño humeante.

Como ese que merodea y revisa la ropa, y los juguetitos eróticos, como no queriendo.

No tiene más de 60 años, vive cerca de aquí, y pagó su boleto. “A mí esto ya no me impresiona, figúrese joven, desde hace mucho tiempo que yo ya le di vueltas a esto”, y hace movimientos envolventes con sus manos.

Algo los hermana y al mismo tiempo los rejuvenece, el ardor y esos toqueteos furtivos ya sea a su propia entrepierna —o con la mirada a esos cuerpecillos— que bien podrían pasar por sus hijas o nietas.

Unos husmean con un dejo de hastío, pero casi no parpadean. Sin que ellos mismos se den cuenta sus movimientos corporales los delatan como jariosones irredentos.

Uno de ellos, que peina su pelo de lado para cubrir su calvicie, mira de reojo a unas muchachas pródigas de carnes. Otro les toma fotos y cuando es pillado, sonríe con un poco de vergüenza.

Un par de chicas de no más de 20 años, se toman una foto con un modelo de origen extranjero que pasea con descaro sus firmezas enfundadas en calzón azul y sombrero de bombín con barras y estrellas. “Son veinte pesous”, advierte, risilla de por medio, luego del flashsazo.

Sonrientes las mozuelas se dirigen hacia un hombre ya entrado en años y extienden la mano. El señor saca un billete y lo entrega. “Qué pasó m’ijita, ¿ya?”. Ya, listo, vamos a donde tú quieras. Y se pierden entre el público donde se presentan las Superstars Strippers.

Dos mujeres cuya piel tiene más marcas que un mapamundi antiguo, pasean en negligés negros, cubiertas apenas por una red. Corren dando brinquitos y su humanidad les recuerda que la flacidez es dueña de sus músculos. La gente les pide tomarse fotos, y ellas gustosas aceptan sin chistar.

Un viejo con cara de hombre sabio y caliente sexo lanza una pregunta: “¿Qué, a poco esa muchachita ya es mayor de edad?”… a saber.

Una mujer otoñal trepanada en un escenario a dos metros del suelo, baila, literalmente a un modelo de fornidos brazos; éste la rechaza ligeramente. Y es que la señora ya se abrió la blusa, sacó sus hermosas tetas y le brincotea presurosa, le ofrece las nalgas y le unta la mano llena de ese líquido que, a esta hora, presumo segrega de tan caliente.

Me doy cuenta de lo borracha que está hasta que la bajan y despreocupada por cubrir su semidesnudez, me guiña el ojo y lame su boca carnosa. ¡Gulp!

El público se siente nervioso, baja con más ganas de seguir la fiesta, dos mujeres, sus acompañantes, tratan de aplacarla, sin mucho éxito. Manotea y grita, ¡váyanse a la chingada!

La gente a nuestro alrededor, la evita, y tras vitorearla, prefiere el silencio… Ha asustado a todos. ¿Pues no que vinieron a divertirse? Mucha mujer para esta tarde.

El deseo con canas y piel arrugada, de pocos pelos pero bien peinados, pagó boleto de ida y vuelta en la Expo Sexo y entretenimiento. La generación venerable, hermanada por el pelo blanco o la calvicie, hizo valer su experiencia en los menesteres del amor. Y eso que apenas es el segundo día.
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