jueves, 26 de abril de 2012

Diego El Cigala / Entre el arrabal y el sufrimiento

Miguel G. Galicia





La cita con Diego El Cigala es en un hotel de la ciudad de México. Pero decido invitarlo a un paseo por otras latitudes, el lado oscuro del corazón, el tango y el flamenco, expongo. Al fin crustáceo sonoro —eso es una cigala—, amante del movimiento, acepta andar por esos territorios. En un barrio perdido, inexistente, con ambientación de película buñuelesca, nos detenemos justo donde empieza todo, esta plática y su más reciente apuesta musical; en la esquina que conforman El Arrabal y El Sufrimiento.

“Estoy contigo”, acepta, el tango y el flamenco, como la música mexicana, “son músicas con un duende y con un misterio que nada más se pueden encontrar en esos rincones. Si los quieres buscar en otros rincones no van a asomar ese arrabal que tú quieres, no es posible”.

Y de ahí iniciamos la marcha, e intercambiamos ideas mientras caminamos por esa calle donde la tristeza se abre a nuestro paso; cuadra larga como novela de Dostoievski, con sus comercios de lágrimas y amores perdidos.

Diego aprendió a cantar antes que a hablar. El artista de este tipo de canciones, le digo, las canta de algún lugar de su ser. Desde dónde canta El cigala… no espera ni un segundo y suelta: “Desde el corazón, es que no sé cantar de otra manera, yo no sé cantar ni del diafragma, ni del coco”.

Cigala conoce como la palma de su mano el flamenco, pero ha explorado nuevos territorios en su disco, Cigala&Tango (Universal, 2011) como ya lo hizo antes en el disco Lágrimas negras (2003) junto al pianista Bebo Valdés. Por eso habla de su experiencia al incursionar en la música argentina. “Cuando yo empecé a fraguarlo (el disco) esto tuvo que venir de la gracia en ese mismo (Teatro) Gran Rex”.

Ese proyecto lleva dentro sus entrañas revueltas con el júbilo de quienes estuvieron en el legendario recinto argentino. Pero cómo llegó a esa esquina que ahora nos trae a platicar hoy. Él explica que fue un acto fortuito. “Yo pienso que como todas las cosas buenas. En uno de los momentos, presentando ‘Dos lágrimas’, yo ya no sabía qué cantar —después de dos horas y media—, y salí cantando ‘Garganta con arena’ de Cacho Castaña. Era la primera vez que yo cantaba un tango, y vi a tres mil 500 almas que enloquecieron”.

Doblamos en la esquina de Sufrimiento y nos sentamos en una banca, allí me cuenta: “Ahí directamente vi el disco, (sin embargo) lo mismo hubiera visto la derrota. Directamente vi a Marconi, a Juanjo Domínguez (dos de sus cómplices en el concierto). En ese mismo teatro, y con ese mismo público…” La Luz.

“Pero qué cosa más bonita que te suceda en un escenario. Y muchas veces yo me fui pensándolo: pero cómo he tenido el valor de grabarlo en una sola toma, ante un público entendido del tango; su música”.

Algo tiene de alquimista este músico de triste figura. Junto a él se siente una vibra fuerte, como mística, su voz es menos potente cuando habla que cuando canta, será por eso que tengo dificultad para entenderle a su acento gitano. Habla como entre sueños, apenas con susurros. Y comparte que cuando al bandoneonista Néstor Marconi le hablaron del Cigala, después lo sabría, éste veía en su imaginación a un gitano de 65 años, cantaor de flamenco y no le cuadraba.

“A los 10 minutos de haber estado hablando con él ya habíamos sacado ‘Yucali’, ‘Libertango’, ¡a los 10 minutos!… esas son las cosas mágicas que son inexplicables, porque eso me pasó con Bebo (Valdés), me pasó con Dos lágrimas; con (los músicos) Tata Güine, con Changuito y con Ruvalcaba. Y Ahora me ha pasado con Néstor Marconi y con Juanjo Domínguez”.

Y llegaron a un acuerdo. Les dijo: “La parte del tango, les decía, son ustedes caballeros. Yo a lo que tengo que dedicarme es a interpretarlo; no a ponerlo más flamenco. Si lo pones más flamenco —si esto lo haces más flamenco, jondo—, y esto no resulta ni modo. Tiene que ser una de cal y otra de arena, o sea ni más flamenco, ni menos tango, y ni menos flamenco ni más tango”.

Hacemos un alto en la charla/caminata y el vocalista describe la experiencia previa a su salida al escenario esa noche del 27 de abril del 2010. “Vivo una epifanía de miedos, temblores; momentos antes de salir, cinco minutos antes en el camerino, yo he encendido un cigarro, he apagado otro. Descalzo por el camerino andaba”. Y el argentino Andrés Calamaro hablaba con él. La energía vivida en ese momento trastoca a todos, a Marconi, a Domínguez, al Cigala, a Calamaro y surgieron las canciones que figuran en este álbum.

Como buen romaní la espiritualidad es parte fundamental de su quehacer. Antes de cantar, comparte, “le rezo a mi Dios Bendito, a mi Nazareno. Es que sin él no, no hay esperanza. En los tiempos que corren, es importante aferrarse a algo. Yo dejo mi carrera, mi vida, en las manos del Señor, siempre lo he dicho, en las manos del Señor, porque tengo mucha fe en él. Siempre que le he pedido algo, lo he pedido con tanta fe que nunca me ha dejado de su mano, y eso es maravilloso, tener esa fortaleza”.




Si el tango y el flamenco nacen en esta esquina, la del Sufrimiento y el Arrabal, pregunto, dónde nace él como cantaor. “Entre el Arrabal y el sufrimiento, jajaja”.

Durante generaciones los gitanos han sido perseguidos, sin embargo en los últimos años, esa historia empieza a cambiar. Hay quien dice que con poco sufrimiento se interpreta diferente, pues el cantar desde el dolor permite mayor emoción. Diego tiene su propia teoría. “El Flamenco es tan enriquecedor de por sí sólo, que no necesita ningún parapeto. Podemos hablar de música del alma. Y cuando nos topamos con músicos como Bebo, Ruvalcaba, como Jerry González, Marconi, Juanjo, ahí nomás se halla corazón. Entonces hágase la música”.

Continuamos con el recorrido y llegamos a la calle Oscuridad de este lugar imposible. El flamenco saca a la luz el lado oscuro de esta tradición gitana, “totalmente”, advierte convencido. “De cuando cantas una soleá. Lo he tratado de expresar de alguna manera; me pasaba con el bolero; me pasa igual con el tango, en el mismo sentido como cuando estás cantando en soleá o una bulería (dos de los muchos géneros del flamenco), y dices tú, pero cómo puede ser esto. Sí señor, el flamenco y el tango tienen muchísimo que ver. Es música nocturna, una música de nostalgia, de pena, de fatiga de dolor, de enjundia, de misterio, de duende.

“Donde mejor puedes escuchar un tango es un Gardelito a las nueve de la mañana con un buen trago y escuchar tango. Y en el flamenco, donde puedes escuchar cantar por soleá o una bulería, es a las nueve de la mañana con una guitarra”.

Enamorado del cante jondo, del tango, pero también de la música mexicana y de nuestro país, entre trago y trago de cerveza muerta, Diego comparte que la gente le pregunta que cuando hará algo con lo mexicano, y adelanta que ha empezado. “Si tiene que llegar, llega, de hecho acabo de hacer un tema con Oscar D´León, una ranchera, ‘Vámonos’, respetando a las rancheras, toda su melodía. Mira, yo no me he divertido más y me lo he pasado más padre que con este señor.

“Primero porque era una ilusión mía desde niño conocer a Oscar D’León. Entonces conocerlo y cantar con él, es una cosa de decir gracias Padre; segundo, que yo no me puedo imaginar a una persona tan flamenca y tan buen aficionado al flamenco como Oscar D’León. Te habla de (los artistas) la Perla de Cádiz, te habla de Camarón, de Paco De Lucía”.

El andar nos lleva ahora al callejón de la Agonía, lugar de casas con fachadas melancólicas, donde la gente aúlla de dolor. “A mí me gustaría tomar un tema de José Alfredo (Jiménez); tiene muchísimos temas, pero darle esa señal de lo que es México, pero tratarlo como me ha pasado con el tango, por ejemplo”.

El lado oscuro de Diego es así. “El lado oscuro… depende qué lado oscuro, del que cuando estamos furiosos, o el lado oscuro ese, que nadie quieres que sepa, pero que también muchas veces se evita, porque si te abres muchísimo pierdes ese filin entonces estar muchas veces bajo esa oscuridad te tiene alerta. A mí lo que más miedo me da es el lado oscuro de cuando la persona ya no piensa de corazón, sino que piensa de cabeza”.

La tecnología para grabar ayuda a mantener fresco ese filin del que habla el cantante. “Antes, recuerdo que grababas en las mesas estas grandes (expande el aire con los brazos), pero me lo pasaba padre, lo único inconveniente es que entre cada palabra, pasaban 3 o 4 minutos y se te iba la inspiración; ahora no, ahora es replay. Pero como no tengas ojo con eso, jaja, estás perdido, estás muerto; directamente te acomodas y no haces nada. Quieres que lo haga la máquina, eso no está bien. Tú lo tienes que hacer.

“Yo cuando grabo, lo hago en directo, quiero veros a las caras, quiero ver cómo están de espíritu, venga, conforme lo veo ya estoy. Ahora, si yo meto primero una voz, luego un bajo, una guitarra, ya estamos ensamblando algo; mejor vernos, y cuando nos equivocamos, nos pegamos una risa del carajo y nos paramos todos”.





Si el flamenco fuera una cartografía, “habría mucho verde; valles y montañas, es muy bonito, muy buenos claros, muy buenos ríos, cascadas. Que yo siempre que escucho una cascada de agua, sabes es como… el agua te da tal karma, como cuando vas al mar, y te sientas un ratico a escuchar las olas… es música. Si te paras con sol a las 7 de la noche frente al mar, es música. Yo lo veo así”.

En la actualidad, dice, “estamos viviendo una época, que me da miedo. No por mí, sino por mis hijos; veo demasiada destrucción; muchos tsunamis, terremotos, guerras. Yo creo que estaría muchísimo mejor si entre todos pudiésemos poner un poquito más de nuestra parte, que hubiera más unión, más amor.

“A mí me encantaría que no hubiera tantos odios, rencores. Y la música nos puede salvar de todas esas cosas. La música amansa a las fieras. Una buena dosis de música siempre. Escuchando flamenco o bien el Réquiem de Mozart, o latin jazz, jazz, yo que sé, lo que a ti te guste, para que tú lo sientas y tengas tranquilidad. Yo sin la música no podría vivir, quién podría vivir sin música. Aquí en México no se podría vivir sin música”.

En esa cartografía donde se ubica a su música, piensa, “el flamenco no tiene fronteras. Dicen que el flamenco ya está hecho. Lo dejaron los genios; los genios como Caracol, La niña del Peine, Juan Talega. Todos estos grandes dejaron ya ahí historias sobre el flamenco increíbles. Ahora lo que pienso que hay que escoger es todo esto de adentro (y toca su pecho), pero respetando siempre de dónde venimos eh. Nosotros venimos de una estirpe muy pura, no nos salgamos de ahí. Por eso siempre intento ser fiel conmigo mismo. Si yo estoy tranquilo conmigo mismo y feliz con mi música, seguro que puedo transmitir y respirar, todo ese aroma que siento, dárselo a ese público”.




Y llegamos al final de estas calles imposibles. Si bien la vida de Diego El Cigala no empieza aquí, es cierto que esta apenas es una parada de su larga vida, porque así vislumbra su futuro. “Me queda todavía un camino largo, porque acaba de empezar, pero me deparan buenas cosas; lo mismo que también cuando nos falla algo. El día que salgo a cantar a un escenario, y alguien me dice, jodé Diego que bonito ha estado, y a mí no me ha gustado; no para ni el perro a mi lado esa noche, me encierro en la habitación y ya estoy martirizándome conmigo mismo, y dice mi mujer, pero tío, porque eres así, porque no lo puedo remediar”.

Sí, él es un tirano consigo mismo. “Sí señor y quisiera desaparecer del mapa ¿vale?”
Antes de despedirnos, Diego Ramón Jiménez Salazar (su nombre de pila, nacido en Madrid, España el 27 de diciembre de 1968), toma aire, mece su pelo y describe cómo le gustaría que se le recuerde en 30 años. “Como yo soy, como un flamenco, porque soy flamenco, pero un flamenco muy musical. Yo no me considero solamente un cantador, no. Soy un flamenco abierto, que se acuerda de sus raíces”.


Una oncena de temas componen el disco Cigala&Tango. Allí, Diego, comparte energía con artistas argentinos de la talla de Andrés Calamaro, Néstor Marconi y Juanjo Domínguez, y por su grupo habitual en España (el guitarrista Diego “El Morao”, el contrabajista cubano Yelsy Heredia, el pianista Jaime Calabuig “Jumitus” y el percusionista Sabú Porrina), el cantaor madrileño interpreta en clave flamenca música de Gardel, Ástor Piazzolla o Atahualpa Yupanqui. Piezas clásicas del tango como “Tus ojos se cerraron” y “El día que me quieras” y contemporáneas como “Garganta con arena”.

FOTOS: http://www.elcigala.com/galeria
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