miércoles, 5 de noviembre de 2014

#TodosSomosAyotzinapa


Es una marea de indignación. Se mueve al unísono. Como las ondas que produce la lluvia al caer en un charco de agua. Es una marabunta cuyo rumor crece conforme avanza. Una mancha en el mar de asfalto. Avenida Reforma mira correr este torrente lleno de ira. Bestia con miles de ojos: miles sus brazos y miles las voces. Una misma consigna: ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!.
El sol se esconde detrás de un velo salpicado de azul y plomo. La Jornada Global por Ayotzinapa encuentra eco en esta antigua Ciudad capital del imperio mexica. La luz de la estrella raya con pinceladas de betún lo que se anuncia será una tarde histórica en la Ciudad de los Palacios.
Por las venas de esta Ciudad Puta marchan como glóbulos, ellos, los inconformes, los opositores, los indignados, los iracundos, los tristes, los desdichados, los desposeídos. Uno a uno, en grupos, en contingentes, éstos que hoy son la sangre ardiente de todo un país que maldice a su gobierno, al Estado, a la clase política, a los narcos, a la policía, al ejército, a los federales, a los municipales, a los jueces, a los ministerios públicos, a los corruptos; que clama porque aparezcan con vida 43 jóvenes que estudiaban para ser maestros y que desaparecieron el 26 de septiembre pasado en Iguala, Guerrero.
Masacrados por policías. Llevados por policías, en sus vehículos; entregados según sendas declaraciones a narcotraficantes, quienes los llevaron quién sabe a dónde. "Nos quisieron enterrar pero olvidaron que somos semillas", reza una pancarta.
La piel de hormigón, de metal y respiración de motores y humo de la Ciudad de México se cimbra al paso de este gran gusano compuesto por millardos de voluntades que reclaman a las autoridades mexicanas, voz en cuello, la presentación con vida de sus jóvenes estudiantes, de los "Ayotzinapos".
"¡1!,¡2!,¡3!,¡4!,¡5!,¡6!,¡7!,¡8!,¡9!,¡10!,¡11!,¡12!,¡13!,¡14!,¡15!,¡16!,¡17!,¡18!,¡19!,¡20!,¡21!,¡22!,¡23!,¡24!,¡25!,¡26!,¡27!,¡28!,¡29!,¡30!,¡31!,¡32!,¡33!,¡34!,¡35!,¡36!,¡37!,¡38!,¡39!,¡40!,¡41!,¡42!,¡43!… ¡JUS-TI-CI-A!".
El ojo de plata del cielo sigue desde lo alto este movimiento humano cuya intención es decirle al país completo: ¡No nos callaremos más!, ¡No estamos completos, nos faltan 43!; ¡Ayotzi vive, la lucha sigue, sigue!; ¡Este apoyo si se ve!; ¡Despierta pueblo!
Un par de horas después la temperatura en esta organizada turba se eleva. Miles de expectantes transeúntes acompañan respetuosos su paso. Los bordes de la avenida Juárez se desbordan de alumnos de prepas, normalistas, del IPN, universitarios…
Chicos que no saben de rastrillos; chicas de voz aniñada; hombres y mujeres de rostros ajados, caminan apoyados en bastones, en sus carteles, su fuerza común; jóvenes en plenitud de facultades que unen sus manos, se miran, sonríen, lamentan, lloran.
Una arenga sucede a la anterior, siempre in crescendo. Un coro donde las lágrimas propias y extrañas en el "otro" aguan el rostro. La incredulidad o ignorancia de unos cuantos que no saben qué sucede es el estímulo de esta oleada de furor, cuyo punto máximo se encuentra en el Hemiciclo a Juárez.
Al pasar frente al monumento en forma de luna mocha la muchedumbre guarda silencio y replica lo que desde unas bocinas les piden: ¡El Pueblo unido, jamás será vencido! Después vendrá el Palacio de Bellas Artes, la Torre Latinoamericana, moles que han visto pasar otras manifestaciones pero no como ésta.
Palabras y frases de todos los calibres se leen en los labios y las mantas y las cartulinas de los marchantes: "Fue el Estado", "Nos quitaron tanto, que nos quitaron el miedo". Un niño "siente" el paso del río trepidante. Una emoción se le nota en esos ojos que podrían ser los de un animal asustado. Aprieta un cartón que dice: "Yo no quiero que me desaparezcan por ser estudiante".
Los edificios guardan en su interior a la gente que no se atrevió o no pudo vibrar con esta protesta multitudinaria, pero que no pierde detalle y rescata para sí un trozo de historia: toma fotos, y videos desde las alturas detrás de vidrios, junto a mercancía cara que quizás nunca podrá comprar o tomando café, o comiendo una pedazo de carne o bebiendo una cerveza, mientras mira con indiferencia, o curiosidad o indolencia lo que acá abajo se puede "oler".
En la vera de la movilización son decenas quienes gritan, y alzan sus puños, y sonríen y graban y tomas fotográficas, y se toman selfies y tuitean, y feisbuquean, y suben sus imágenes y llenan la internet de etiquetas como #TodosSomosAyotzinapa #Estudiantes #Universitarios…
Algo flota en el ambiente como el algodón de azúcar que se escapa al aire cualquier tarde de invierno en La Alameda, dejando su estela de color y aroma; algo muy parecido a la alegría aunque parezca contradictorio, pues debería privar la tristeza pero hay un ánimo especial: quizás es hermandad, o solidaridad o ambas…
Aquí nada existe que diferencie a esta masa: sombreros de palma, gorras, máscaras, batas, overoles, huaraches, bicicletas, botas, zapatos, tenis, mochilas, bolsas, morrales, camisas playeras, manta, algodón, mezclilla, indígenas, campesinos, obreros, empleados, padres de familia, paliacates, mestizos, blancos, morenos, negros, sajones, orientales, jóvenes, niños, maduros, ancianos…
El cielo baja el telón. No hay estrellas. Eje Central y el Palacio de los Azulejos quedaron atrás. La Calle 5 de mayo es el último tramo para llegar a la Catedral y hacer temblar la Plancha del Zócalo, el Palacio Nacional, el edificio del Ayuntamiento…
La marea indignada se apretuja, se hincha, se aletarga. Llegó el momento de unir los gritos, las mentadas de madre. No hay lugar para el cansancio. Hoy la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa sabe que no está sola, que las movilizaciones continuarán. Como esporas la esperanza de hallar justicia se disemina por todas las universidades, los colegios, las redes sociales.
Hoy algo sucedió en este país que parece haber perdido, al menos por este momento, esa vieja costumbre de perder, de callar, de guardar silencio cómplice. Este 5 de noviembre de 2014 las historias de los 43 normalistas desaparecidos y las de estos que les gritan a ellos y a los políticos y a los criminales se juntan, se miran las caras…
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