miércoles, 25 de enero de 2012

LA DANZA DEL PARACHICO EN CHAPA DE CORZO

Cada vez se suman más danzantes a esta manifestación cultural que es Patrimonio Intangible de la Humanidad; sin embargo dice el patrón de este pueblo chiapaneco que muchos ya no saben por qué bailan
Miguel G. Galicia

“Los jóvenes cada año participan más y más en la danza del Parachico”, sin embargo, habla Guadalupe Rubisel Gómez Nigenda actual patrón del pueblo Chapa de Corzo, que “crecen en cantidad los danzantes pero la danza va perdiendo calidad; va perdiendo el sentido del baile, porque si a muchos Parachicos les preguntas porqué bailan, no saben. Muchos responden que bailan porque papá les enseñó”.
Suena contradictorio, pero eso ayuda al fortalecimiento de esa tradición originaria del estado de Chiapas. “La danza del Parachico es el símbolo representativo y más importante de nuestro pueblo, Chapa de Corzo, y ahora del Estado”.
El 15 de enero de cada año como desde hace cientos de años hay fiesta en esa población situada en el centro de esa entidad. “Toda la gente espera con ansia esa fecha para hacer un recorrido por todo el pueblo”.
En la ceremonia bailan los que quepan en una casa, y los que no, esperan afuera, y en la siguiente ya no son los mismos, ya son otros, unos van descansando. Entran unos y salen otros y así. Los danzantes recorren alrededor de 45 casas, una por una.
Esta danza que ha sido nombrada por la UNESCO como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, “es más familiar. El Parachico va con su chiapaneca y con su Parachico chiquitito, y vamos visitando las casas donde nos invitan. Las imágenes que se veneran en ese mes son el Señor de Esquipulas, San Antonio Abad y San Sebastián Mártir que es el patrón del pueblo”.
El recorrido dura todo el día. Las horas pasan lentas y rítmicas, al son que le toca esta música alegre y ritual. “Bailamos alrededor de 10 a 11 horas, diarias, con una hora de descanso que es cuando comemos”. Todo durante seis días; sumando unas 60 o 70 horas en promedio, en las cuales los danzantes dan vida a esta antiquísima tradición.
“El Parachico recibe una preparación espiritual durante todo un año, esperando a que lleguen esos días, pues convive con toda su familia, alrededor de todo el pueblo”.
Dos años de participación en el encuentro de Patrimonios Intangibles en Tajín, Veracruz —la conversación se realizó en 2011— señala este hombre maduro y que inició como danzante a temprana edad, ha enriquecido su visión como representante de esa manifestación cultural.
“Después de este Encuentro de Patrimonios (Inmateriales) nos llevamos una perspectiva de qué queríamos nosotros. Cuando venimos la primera vez teníamos claras algunas cosas, por ejemplo sabíamos que teníamos algo nuestro; pero cuando venimos acá y vimos que los demás Patrimonios tienen algo similar a nosotros, y que todos tenemos necesidades, y que tenemos que hacer un alto a muchas cosas, e inclusive que la tradición se está perdiendo. En este momento debemos hacer una reflexión y nosotros como representantes de esta manifestación, tenemos que hacer una recapitulación”.
Parte de esas reflexiones dice este señor de gesto de piedra, les ha permitido revisar los elementos que componen esta danza: el vestuario, la música, hasta encontrar la manera de preservar los seis o siete movimientos que tiene su rito dancístico.
“La vestimenta va cambiando a través del tiempo, hasta las cuestiones de comodidad la modifican; por ejemplo se usaba antaño el chamarro oaxaqueño, que era de lana; ahora se sustituye por un sarape de Saltillo —más cómodo, más liviano y más barato— pero no es más de allá sino de Tlaxcala, tal vez porque Oaxaca y Chiapas tenían un intercambio comercial que ya no se da; pero sin que nos diéramos cuenta cómo pasaba eso”.
Esta danza mantiene sus raíces en el mundo prehispánico, no obstante también alcanza la festividad pagana. Respecto de “la parte prehispánica, dicen algunos investigadores del pueblo, que al danzar se abre la tierra, que porque al sonar el chinchín, o la sonaja, como se conoce en la zona central del país, se mueve la semilla”.
Los viejos del pueblo cuentan una leyenda: Una señora llamada María de Angulo que llevó a un hijo enfermo (a la iglesia) y que a partir de ahí se dieron muchas cosas para que naciera el baile del Parachico, porque los danzantes bailaban para el chico, para el niño de esa señora, que estaba enfermo. Entonces de una música pagana, se fusiona con una cuestión religiosa.
“Nosotros hacemos una reflexión acá en el encuentro, (lo que hacemos) no es una coreografía, no es un baile de escenario, de espectáculo, sino es un baile de un pueblo que está conservando toda esa manifestación que se da en Chapa de Corzo”.
Existen grupos de diferentes lados, más allá de los límites de la región, pero, asegura el danzante “lo hacen como forma de lucro, y quieren sacarle provecho, y eso es lo que no queremos nosotros. Queremos ir cerrando candados para poder decirle a otros pueblos qué deben hacer para que se integren con nosotros”.
La danza del Parachico existe desde el siglo XVII. “Y existe un patrón (o mayordomo), en este caso yo”. Y agrega que “desde el siglo XVII hasta la fecha han pasado 20 patrones. En mi familia hemos sido patrones por tres generaciones”.
Pero no necesariamente el patrón debe ser de una misma familia. Otras veces puede ser un cargo vitalicio. “El que ha dilatado menos en el cargo han sido 13 años; el que más, 38 años. Yo apenas llevo 12 años, y soy el más joven”. Y expone un logro que pocos pueden presumir, durante su ejercicio, la danza obtuvo el reconocimiento como Patrimonio Cultural Intangible de la Humanidad.
¿Cómo se elige al patrón?, inquiero, a lo cual él responde: “No hay una forma, no hay reglas que lo definan, sino las circunstancias y el tiempo. A mí me lo dieron por el carisma que tengo con la gente. Yo nací ahí (en el pueblo), fui tamborero de mi abuelo; luego mi abuelo se lo da a mi tío (el cargo); mi tío ya fue pitero (tocaba el pito o silbato) de él. La gente me ha conocido ahí. Entonces me tiene la confianza y me lo da. Pero una cosa es la confianza y otra la aceptación del pueblo”.
Aunque no existe un censo que precise datos duros, se sabe que existen aproximadamente unos seis o siete mil Parachicos que danzan en la actualidad, dentro y fuera de Chapa de Corzo.
Respecto de la vestimenta es importante decir que se usa una montera hecha de ixtle; una máscara tallada en madera; un chinchín o sonaja que se va sacudiendo conforme se avanza; un sarape o un chamarro; muchos portan listones, chalina que es un lienzo bordado con flores o la imagen de algún santo de su devoción, o una banda roja que utilizaban los Parachicos de antes; un silbato, pito o güilo hecho con carrizo y un tambor de madera vaciado de un tronco pero hecho con piel de venado, aunque en la actualidad ya se hace de lienzo de triplay, para evitar el problema de la tala de árboles.
La danza del Parachico en Chapa de Corzo es un puente tendido entre el pasado y el presente; entre las tradiciones ancestrales y la modernidad; puente creado y apisonado con el esfuerzo de varias generaciones de danzantes que hallan en su ejecución un sentido de arraigo que día a día lucha por no desaparecer… y que lo está consiguiendo.
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