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viernes, 19 de febrero de 2021

Hans H. Storsberg: Cada risa, cada lágrima, cada beso y cada decepción, forjan nuestro ser

El escritor presenta su novela La Antesala del Cielo y envía un mensaje de resiliencia al lector

"Es una novela que, entre otras cosas, pretende llevar al lector a través de una gama de sentimientos y reflexiones que podrán seguramente darle una visión diferente de la vida", afirma.

“Mi abuelo me llevó justo a la antesala del cielo, de donde surge el título de este libro (…) Además siempre he sentido la presencia de esa fuerza de luz a la que llamo ángeles, siempre la he tenido en toda mi vida”, dice.




Miguel G. Galicia

El escritor Hans H. Storsberg vive un momento único, su novela “La Antesala del Cielo” le permite enviar un mensaje de resiliencia al lector en el que priva el amor, la amistad, así como la intención de cambiar la vida de quien lo lea; al tiempo que a él le ha permitido "crecer" como autor, al abrirse en canal y dar a conocer eso que él es, al compartir “todas estas historias extraordinarias que me han pasado a lo largo de la vida, y que pudieran llevar al lector a poder imaginarse en primera persona en todos esos momentos o situaciones de la historia de la novela, a identificarse de una u otra manera, porque al final del día, trata situaciones que nos han pasado a todos”.

Su discurso, pronunciado por él mismo, lo describe como una persona espiritual, que aún cree en la humanidad y en su transformación, dice, y concibe la pandemia de Covid-19 como una oportunidad inigualable para alcanzar ese objetivo como especie.

Sin duda, aclara, su relación con su abuelo lo marcó desde siempre, pues fue que tras experimentar a edad temprana una experiencia sobrenatural con él, ya fallecido en ese momento, que detona la idea de este proyecto, escrito en un año, y el cual publicaría 15 años después.

“Mi abuelo me llevó justo a la antesala del cielo, de donde surge el título de este libro (…) Además siempre he sentido la presencia de esa fuerza de luz a la que llamo ángeles, siempre la he tenido en toda mi vida”, explica.

 


— ¿Cuánto ha cambiado usted desde que puso el punto final de su novela, hasta el momento?

— Han pasado ya 15 años desde aquel día y pudiera parecer que fue el día de ayer. Cada uno de los personajes de la novela han crecido y madurado conmigo; al final del día, todos ellos son una parte de mí. El cambio más importante en mi persona ha sido la forma de ver la vida y la forma de vivirla. Entender que la verdadera felicidad recae en la forma en la cual nosotros le sonreímos a la vida, lo demás no importa, ella se encargará de enseñarnos lo que tenemos que aprender.

 

— En ese mismo sentido, ¿cuánto y de qué modo ha cambiado el mundo en estos tres tiempos: cuando usted empezó a escribir la novela, cuando la culminó y el que usted ve en la actualidad con la pandemia?

— Solamente pasó un año desde el día que empecé a escribir La Antesala del Cielo hasta el día que la terminé. Lo realmente trascendental fue el cambio que esta novela hizo en mi persona y la forma positiva en la que me ha afectado. Por ejemplo: escribir es algo que no puedo dejar de hacer.

La pandemia no es otra cosa que la vida y el universo dando un mensaje de advertencia. Es el poder armar nuevamente el rompecabezas de nuestras vidas. Es la oportunidad de modificar todo aquello que considerábamos importante por aquello que verdaderamente lo es: nuestra salud, nuestras relaciones, nuestra forma de vivir.

 

— ¿El mundo requiere en la actualidad novelas como ésta? ¿Por qué?

— Porque desde la primera página nos saca del caos en el que hemos caído y nos lleva a través de un viaje de aventuras que nos harán amar, reír, odiar, llorar, gozar; pero, más que nada, a darnos cuenta lo que realmente es importante en la vida: vivir de verdad.

 

— ¿Cuál es la premisa de su novela?

— De que esta vida es una aventura llena de aprendizaje que nos hace evolucionar. Que cada risa, cada lágrima, cada beso y cada decepción, forjan nuestro ser.

 

— ¿Es un libro de alguna manera, de autoayuda?

— Es un libro en el que nos identificaremos con varias vivencias por las que todos hemos pasado. Es una novela que, entre otras cosas, pretende llevar al lector a través de una gama de sentimientos y reflexiones que podrán seguramente darle una visión diferente de la vida.

 

— Defina por favor su concepto de la amistad, y el amor incondicional

— La amistad es un lazo básico y sencillo entre dos seres formando esa indescriptible necesidad de pertenecerse en sus vidas, sin condiciones ni intereses.

El amor incondicional es el que Dios nos da. Tal y como somos. El que Él quiere que entendamos y repliquemos para ser mejores seres.

 

— ¿Su novela ha roto récord de ventas, tenía tales expectativas cuando decidió publicarla?

— Las expectativas van más allá de un tema comercial. El saber que La Antesala del Cielo ha afectado positivamente a alguien, me doy por bien servido.

 

— ¿La literatura nos salvará de algo?

— Siempre lo he dicho: más libros y menos aparatos en las manos. Muchas veces la tecnología esclaviza, los libros abren la mente.

 

— ¿Al ser humano le hace falta algo para acercarlo a la espiritualidad?

— El ego es el que nos mantiene en niveles bajos de vibración y por consecuencia alejados de la espiritualidad. Tenemos que ver dentro de nosotros mismos para comprender que somos seres de luz, llenos de un amor infinito ansioso por ser compartido. El día que lo comprendamos… evolucionaremos.

 

— ¿Tiene algún otro proyecto editorial en el que esté trabajando hoy en día?

— Así es, hoy ya tengo terminada mi segunda novela que lleva como título: Reencuentro. Actualmente estoy escribiendo mi tercera novela la cual no ha sido aún bautizada.

 

Este 2021 Hans H. Storsberg, se ha propuesto cambiar la manera de ver la vida, con su novela, en la que, afirma, muestra un mundo donde los senderos del destino llevan de la mano al lector hacia un sinfín de aventuras en lugares reales, mágicos, de leyendas olvidadas y rincones misteriosos.

viernes, 14 de agosto de 2020

Víctor Hugo Sánchez: Sin credibilidad un periodista nada vale

 Miguel G. Galicia



Mientras entrevisto a Víctor Hugo Sánchez (VHS) me van surgiendo imágenes variopintas, pues como siempre que charlo con alguien, quien sea, trato de armar en mi mente su retrato; por ello, y luego de un rato lo imagino robot, Frankenstein, rara avis, con pelo largo, rapado, barbón, joven, con voz aguardentosa, flaco, gordo, bonachón, chistoso, serio, camarada, el conejo de Alicia en el País de las Maravillas…

 

VHS es un reportero mexicano de viejo cuño, con más de tres décadas de trayectoria, de mirada y pluma singulares, características que le han permitido evolucionar en una especie de cyborg de la comunicación, todo terreno, armado con piezas nuevas y de repuesto, abrillantadas, recicladas y ensambladas, todas aglutinadas con un adhesivo compuesto de credibilidad y pasión por "la nota".

 

Ahora, luego de todo este tiempo de ejercer su oficio, ha publicado el libro "RP: El Otro Lado del Espejo" (Rosa María Porrúa Ediciones), en el que reúne ese andar, recabado de las colaboraciones publicadas en diferentes espacios periodísticos.

 

En cada entrega o capítulo o anécdota, Hijo de Vecino —como también es conocido en el ámbito—, relata, cuenta, comparte y revela con la facilidad que da un estilo de quien escribe como habla, en confianza, o como cuando en una sobremesa o café o cantina uno escucha al camarada que cuenta chistes o películas o chismes que caen como digestivo que uno paladea gustoso, y que ayuda a tragar tanta realidad; y lo mejor, produce miradas recelosas, sonrisas cómplices, en sus interlocutores.

 

Al respecto el propio comunicador explica que cada episodio que da a conocer es real, y le consta, que nada se inventa, pues "la credibilidad" es la piedra angular de su vida profesional. Sin ella, dice, un periodista nada vale.

 

"La credibilidad es nunca vender la pluma", es su máxima.

 

La misma que en tres décadas de andar en la industria del entretenimiento, entre el periodismo y la representación de artistas como jefe de prensa, como se le denominaba a su posición hace unos años en México, y ahora RP, le ha sostenido y abierto muchas puertas.

 

Día a día ha construido, su "nombre" como RP, pero no ha sido fácil, pues ha debido pagar un precio que le ha cobrado varias facturas.

 

"Nunca fui eventos familiares, bodas, XV años", no, no había tiempo, espacio en agenda; entregó el alma sin chistar, en todo momento, la salud.

 

"Trabajo por placer, en entrevistas, conferencias. Me he entregado a la pasión del periodismo"; claro, lo mismo dicen los adictos, y él de alguna manera es uno.

 

Pero a cambio, agrega, ha vivido experiencias que, escribe en su libro: "Y, así, con la fortuna de haber elegido bien el oficio, un día Nueva York, Miami, Los Ángeles y Disneylandia en calidad VIP; al otro día, Las Vegas, Montecarlo, Nicaragua, El Salvador, Montreal, Québecq, Sevilla y Santiago de Chile.

 

"Siempre invitado, siempre de a gratis, y en los mejores lugares, y cerca, siempre-siempre, de las celebridades".

 

Un tipo contento con la vida, pese a "haber estado muerto en el quirófano", y a "estar tuerto durante cinco años", y a perder la voz y ser sometido a una operación, y a haber sido amenazado de muerte cuando cubría un tema escabrosos —el de los discos piratas—, y a haber caído y salido del mundo de las drogas; de haberlo perdido todo, y cuando dice todo, se refiere a to-do, lo que un ser funcional puede atesorar: familia, trabajo, tranquilidad.

 

Y sobre esa época de más obscuros que claros, en su viaje por este plano, asegura que "no sabía quién era yo, y en ese afán de pertenecer me perdí".

 

Dicen los miembros de AA —él no lo es— que para subir, primero hay que tocar un fondo, y él lo hizo. Quizás por eso ahora, en esta época suya, habla con la paz que da ser más sabio por diablo que por viejo

 

Reitera sobre su libro que aun cuando no es un manual, para nada, acepta que podría servirle a las nuevas generaciones —a las que afirma ayuda siempre que puede como a él una vez le apoyaron otros viejos lobos— para saber del tema, pero su principal objetivo es entretener; de eso él sabe mucho.

 

Reconoce que los tiempos empezaron a cambiar hace 12 años, la tecnología ha trastocado todo, cómo las plataformas de streaming, redes sociales, han transformado las audiencias; de igual manera que le tocó vivir tiempos de cerca el proceso de transformación en el medio y la forma en que se comunica.

 

Nombres y nombres engrosan la lista de su CV de aquellas entrevistas que ha realizado para escribirlas, y de aquellos a quienes se las agendó con otros colegas: Salma Hayek, Lucía Méndez, Eugenio Derbez, Guillermo del Toro, Paul McCartney, Jane Fonda, Elton John o Billy Joel, Rolling Stones, José José, Paulina Rubio, Verónica Castro, Omar Fierro, Lucha Villa, Franco, María Sorté, Juan Ferrara, Enrique Rocha…

 

Una frase que resume sus aventuras y que igual escribe en "RP: El Otro Lado del Espejo" es: "Siempre invitado, siempre de a gratis, y en los mejores lugares, y cerca, siempre-siempre, de las celebridades. Como ser testigo y cronista de una época, con el privilegio del trato preferente. Como observar un cachito de historia en primera fila".

 

Pero ésta es una joya: "Ya lo he dicho aquí, pero me encanta repetirlo: no hay manera más divertida de ser pobre que, siendo periodista".

 

Tres décadas después, 31 para ser exactos, este hijo de vecino, que se ha vuelto un rockstar del periodismo mexicano de espectáculos y del entretenimiento, que, dice, ha desarrollado la habilidad de saber cuándo y cuánto contar lo que ve y escucha en ese mundo suyo, mantiene en perfecto orden su discurso y no se sale de él, salvo de pronto, pero solo lo que él decide mostrar, hábil como torero de fina estampa, esquiva, capotea, pero siempre mirando de frente, engallado, sin prejuicios ni medias verdades —le llama al pan, pan, y al vino, vino— bordea ambos lados de la línea de la comunicación: el del periodista, que escribe —y es entrevistado— en diversos medios y plataformas, y el del que genera la nota, desde su oficina de RP.

 

Sobre sí mismo él mismo refiere, en la presentación de su obra: "Alguien me dijo que debí llamarme Víctor Ego Sánchez y, aunque no andaba equivocado quien me sugirió". Y en persona: "Soy un Ave Fénix, que resurgió de sus cenizas". Y quien esto escribe, se aventura a señalarlo como "un viejo lobo que aúlla a sus cincuenta y algo que lo hace fuerte".

Fotos: cortesía del autor


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