miércoles, 18 de abril de 2012

El arte entre jóvenes infractores como forma de reinserción social

Comunidad Especializada para Adolescentes Dr. Alfonso Quiroz Cuarón CEA-QC






Los altos muros de este lugar invitan a mirar al cielo. Para entrar a este edificio hace falta una escalera grande, como dice la canción. Un guardia recibe al visitante, el registro obligatorio se repite dos veces más en igual número de puertas. El patio es amplio y en una de sus paredes hay una imagen pintada de un personaje ¿animado? que a esta hora de la noche apenas se percibe. Los dormitorios resguardan voces, murmullos de niños que han crecido maduros.

La Comunidad Especializada para Adolescentes Dr. Alfonso Quiroz Cuarón (CEA-QC) se ubica Petén en la esquina que hace con Obrero Mundial en la Colonia Narvarte, Delegación Benito Juárez. Afuera de este recinto la vida continúa reloj en mano.

Dice la ley que los chicos que aquí viven infringieron la ley, por eso están acá. Muchos de ellos son temidos en sus barrios; se corre la voz de que ellos pertenecen a una comunidad afamada por tener en sus filas a los más peligrosos.

Ellos han participado en delitos de diversos tipos; sus familias viven con ellos su encierro. Unos pronto dejarán el lugar y otros apenas empiezan su “medida”. Los prejuicios sociales dicen que sus carreras delictivas apenas comienzan…

Sin embargo Laura Guzmán Rodríguez y Melissa Lara Flores, dicen que no, apuestan diez a uno a que su vida, la de estos muchachos, puede cambiar… y trabajan para ello. Y a través del arte es como estas jóvenes entusiastas pretenden mostrar a los jóvenes infractores nuevas sendas de vida. Ellas han creado el proyecto Los museos van a las comunidades.

Como ellos no pueden recorrer esos recintos culturales, estas chicas generan visitas virtuales para “promover los derechos culturales, el disfrute, los procesos creativos. Hemos hecho varios museos, aproximadamente 10; con el Museo de Historia Natural y cultura Ambiental”, dicen en entrevista.

Su empresa más grande es la que nos junta en este edificio, ¿Y tú atacas o tiras paro?, una exposición trabajada por 11 meses y con una duración de apenas tres días en CEA-QC, pocas pero fructíferas jornadas. La exhibición abordó el tema de la sabana. “El chiste de esta exposición es ver diferentes interacciones entre comunidades ya que los chicos viven en una comunidad y la complejidad de estas interrelaciones entre ellos y el medio ambiente”, dice Laura Guzmán Rodríguez, encargada de la vinculación cultural de Laboratorio de Expresión Independiente (LEI), una asociación civil que trabaja con jóvenes.

La sala de exposiciones es blanca y en su superficie hay siluetas en acrílico que representan bichos; unos termiteros hechos por los menores son el preámbulo de las pinturas de leones que esperan al visitante.

“Escogimos el ecosistema de la sabana basándonos en tres animales que están en el tope de la cadena alimenticia (los leones) y las termitas que están hasta abajo, pero que tienen esta función de comunicar todos los nutrientes y las cuestiones químicas de la sabana para que todos tengan alimento y el ciclo se mantenga en equilibrio, y las cebras”.

El trabajo de LEI con jóvenes privados de su libertad comenzó hace algunos años, cuando los Centros de Tratamiento para Menores eran aún administrados por el gobierno federal. Con la implementación del nuevo modelo de tratamiento, a cargo del Gobierno del Distrito Federal, en 2008; sus proyectos experimentaron algunas adecuaciones de modo que pudieron seguir trabajando con la población de adolescentes atendidos por la Dirección General de Tratamiento para Adolescentes (DGTPA).

Así, los jóvenes hurgan dentro suyo y descubren nuevas formas de convivencia, de expresión de emociones y canalizan sus ímpetus y anhelos.


Del acercamiento a la exploración de nuevas formas de convivencia




Melissa Lara Flores, encargada de los proyecto educativos y de los programas con los chicos, señala que “desde que empezamos a trabajar con los chavos, y nuestra propia formación como historiadoras, estamos pensando y practicando una visión antropológica de nuestro trabajo; entonces nos interesa, primero, llegar a la comunidad, conocer a los chicos; ver más o menos qué perfil, que gustos tienen, mediante una plática. Las primeras pláticas que generamos son como un pretexto para conocerlos y a partir de entonces generar un contenido que sabemos que les van a ser mucho más cercanos”.

En ese sentido Alfredo Hernández Roldán, Director de la CEA-QC, en charla con @Infonoctámbulo, afirma que “esta comunidad se ha distinguido por enfocarse un poco más hacia la cultura. No dejamos de lado nuestras obligaciones que tenemos por ley, pero sí en el espacio cultural ha sido explotado a más del 100 por ciento con proyectos como el del Laboratorio de Expresión Independiente, con el actor Daniel Giménez Cacho, y con muchas más gente que ha participado aquí de manera voluntaria en el área de cultura.

“Apostamos siempre a la reinserción social de estos chicos; nosotros creemos que a través de la cultura y la educación, que van ligadas una de la otra, vamos a lograr que estos chicos vean otra opción, otro camino; cómo puedo expresarme cuando estoy contento, enojado, triste, feliz… a través de la cultura”.

La forma de trabajo de LEI se basa en acercarse a los jóvenes, posteriormente, explica Lara Flores, “los materiales audiovisuales que hemos generado, son a través de cuestionarios; les preguntamos ¿a ver qué museo te gustaría conocer?, se los traemos; ¿qué música les gusta?, pues mezclamos el video con la música que ellos quieren escuchar, de manera que atienda perfectamente a sus necesidades culturales”.

Para la historiadora Flores “el encuentro con las comunidades no se nos ha dificultado mucho. Siempre y cuando tú llegues como con otra visión de la educación, como desde una perspectiva muy equitativa. Nada de que yo llego con mi clase y me voy; no, es un trabajo muy cercano con ellos, desde el mismo nivel. De entrada si tú tienes esa visión y sabes que estos chavos tienen conflicto con las autoridades, no puedes llegar a imponerte como una autoridad; hay que saber hacerlo.

“Es mediante la práctica, allí es donde entra la antropología, en este proyecto, porque es como la metodología de la observación participante. Llegas a una comunidad existente y no puedes llegar con tus reglas, sino que debes adaptarte a las suyas”.

Guzmán Rodríguez advierte que “en realidad este no es nuestro primer acercamiento, llevamos seis años ya trabajando con las comunidades. Empezamos trabajando en (la Comunidad Especializada para Adolescentes de) San Fernando, donde desarrollamos un proyecto basado en el estudio sobre sus procesos identitarios, y eso nos ha permitido desarrollar otras cosas”.

Mas sus esfuerzos por acercarse a las comunidades de varones va más allá del género. “También estamos trabajando en comunidad de mujeres, precisamente haciendo un estudio desde la perspectiva de género, para ver los gustos, las preferencias de las chicas y de los chicos, y tratar de hacerlo más significativo todavía”.

LEI ha realizado trabajo en la Comunidad de Tratamiento Especializado para Adolescentes (CTEA), la Comunidad de Mujeres (CM) y la Comunidad Especializada para Adolescentes Dr. Alfonso Quiroz Cuarón (CEA-QC).

Además, LEI ha realizado acciones de prevención del delito en escuelas secundarias, con el apoyo del Instituto Mexicano de la Juventud, la Delegación Tlalpan, el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, siempre en vínculo con la iniciativa privada.

Los museos más solicitados por los menores de edad son el Museo de cera, el Museo del automóvil, el Museo del ejército, el del Calzado y el Soumaya.


No sólo llevan cultura…





“Lo que tratamos de hacer en este desarrollo de metodologías es mezclar los gustos que ellos tienen con lo que nosotros tenemos interés por llevarles. Esa ha sido la fórmula exitosa que hemos llevado de mezclar una cosa con otra. Ni darles todo lo que ellos quieren, ni lo que nosotros queremos, sino hacer una negociación: es esto pero va con esto.

“Por ejemplo del Museo del automóvil que nos pidieron muchísimo, hicimos la visita virtual y después se trataba de esculpir su propio carro, y otro chavo hizo la propuesta de mezclar el diseño automotriz con el Art decó”.

Lara Flores agrega: “queremos hacer una propuesta metodológica actualizada sobre cómo trabajar con los adolescentes, específicamente con los adolescentes en conflicto con la ley, porque es donde hemos incidido más, pero sí creemos que la educación está muy pasada de moda y creo que tenemos que rescatarla de alguna forma. Y nuestra propuesta siempre va ligada a la antropología y al conocimiento del otro para darle la forma que ellos quisieran que tuviera el conocimiento”.

Guzmán Rodríguez es enfática al decir que “siempre tratamos de preguntarles; la manera en que nosotros los hacemos sentir que son parte de este proyecto es preguntarles todo y ejercer la metodología de participación ciudadana. ¿Tú qué quieres, cómo quieres, te gusta o no? Por ejemplo para este proyecto no todos participaron en todo: ¿qué quieres hacer? No pues nos dijeron algunos ‘yo quiero sólo quiero pintar las paredes’, ah bueno pues nada más pinta las paredes de blanco. No pues yo sí quiero estar en el termitero, en los murales, las cédulas, los esténciles; las fotografías dijeron otros; recuerdo a un chico de San Fernando, que dijo que sólo iba a poner música, y así lo hizo”.

Y si bien ya tienen una forma de trabajo clara, encuentran algunos retos. “Nosotras ya tenemos una propuesta y la vamos adecuando de acuerdo a lo que estamos escuchando, pero no nada más de preguntarles, porque muchas veces los chicos no hablan, tratamos de observar, de ver qué quieren”.

Además otro factor de empatía es que “los nombres de las exposiciones los ponen ellos, —como el de ¿Y tú atacas o tiras paro?— y eso para nosotros es una fuente de información súper valiosa porque los nombres siempre denotan algo, y los de sus obras plásticas nos dicen muchísimo. También es analizar su discurso, hasta el lenguaje corporal. Cuando ponemos los videos estamos pendientes a ver qué hacen, si se están durmiendo, si se ponen contentos, si sonríen, si se recargan, como que todas las emociones que genera enfrentarte a una obra de arte las tenemos vivas en un salón de clases con ellos”.

Lara Flores envía un mensaje para los narvartenses: “Lo que nosotros queremos transmitir es una propuesta de renovación educativa, de que las cosas no tienen que ser aburridas, o tediosas, por un lado; pero por otro aunque suene trillado que sí hay que trabajar con los chavos, aparte es muy divertido y rejuvenecedor. Es una necesidad social, e invitar a la agente para que retome, a que asuma la responsabilidad, porque muchas veces uno dice: ‘no, es que la violencia, los asaltos’; pero entonces que hagamos todos algo. Que asumamos la responsabilidad social, civil, la ciudadana y la parte que nos toca”.

Guzmán apuntala: “Es como el empoderamiento de la ciudadanía; en el momento en que tú decides tomar acción y creo que la educación es lo más revolucionario que puede existir y es a través de algo pacífico”.

Melisa Lara retoma: “Esta exposición primero está aquí porque es para ellos, para empoderarlos y para demostrarles a ellos mismos que son capaces de hacer cosas nuevas. Y muy válidas y reconocidas, y después la vamos a sacar y la vamos a llevar al Centro Cultural Azcapotzalco, y ahí va a estar dos meses (diciembre de 2011 y enero 2012), y es para el público. Nosotros hacemos una recopilación de comentarios allá afuera, un video y se los volvemos a traer de regreso, les decimos mira lo que la gente piensa de tu trabajo, mira lo que pasó allá afuera.

“En un taller de los primeros que dimos sobre historia del arte, los chavos discutían sobre quién era más chingón, si Van Gogh o Edgar Degas. ¡Era ya una discusión de arte! Cuando llegan a ese nivel donde agudizan su capacidad de observación…” recuerda Guzmán Rodríguez.

En ese momento Lara Flores la interrumpe y rememora: “Al salir ese chavo nos dijo que quería trabajar con nosotras porque al parecer tenía más futuro de artista que de ratero”.

Alfredo Hernández Roldán acepta que toda esta labor rinde frutos que si bien no son inmediatos se notan. “Se puede medir de alguna manera el cambio en los chicos a partir de su participación en este tipo de programas culturales”.

Si se nota “a través de su manera de expresarse. Es increíble que estos chicos cuando recién llegan a esta comunidad, llegan completamente enojados con el sistema. Creen que la autoridad somos sus enemigos, y yo siempre les he dicho yo no soy tu enemigo; aquí estamos para ayudarte, aprópiate de la comunidad en este buen sentido: (toma) tu terapia grupal, individual, familiar. La escuela, el arte, la educación física, y todas estas actividades multidisciplinarias hacen que el chico cambie y tenga una manera diferente de expresarse”, recalca.

“Aquí puedes ver chicos que llegan con una relación familiar completamente desquebrajada y es aquí a base de todo esto, que los chicos tienen esa comunicación, esa interrelación con sus papás. Saben decirle a sus papás: ‘oye, estoy molesto contigo porque hiciste esto, esto y esto’; y ya no hay una agresión ni verbal, ni muchísimo menos física. La cultural mejora la comunicación en los chicos en más del 100 por ciento.

“Tratamos de que exista la comunicación para con las autoridades y hacia sus familias; porque en el momento de la comisión del delito, estos chicos son sacados de su vínculo familiar y una vez que se reincorporan a él, muchas veces las familias no saben qué hacer con ellos”.

Ahí mismo a través de clases y terapias personalizadas entra el programa. “Y eso se va trabajando, hay un proceso en todo el tratamiento de esto chicos, que ya al final cuando les quedan cinco o seis meses por cumplir su medida (tiempo obligatorio que deben permanecer en la CEA-QC), empiezas a trabajar con la familia: ¿a ver qué vas a hacer mamá, papá?, ¿ya viste que tu hermano no es aquel pequeñito que dejaste, que ya es un adolescente casi de tu tamaño?, y tú vas a llegar a ese medio a donde ya no te tenían considerado.

“Así vamos logrando que las familias se vayan conociendo, y vayan construyendo una red positiva para estos chicos y obviamente no vuelvan a delinquir”.

La comunidad en Narvarte debe saber, dice, que “ya no somos aquel famoso Tribilín, sino que somos Comunidades para adolescentes, con la reforma constitucional que hubo en el 2005 y su entrada en vigor de la ley de Justicia para Adolescentes en octubre de 2008, somos ya Comunidades para Adolescentes. Estos lugares ya no son de castigo, como eran antes, sino que es a través de muchas actividades y de estar todo el tiempo a estos chicos, que se consiguen cambios en ellos.

“Puedo hablar a hora mismo de muchos niños que han estado aquí, y que hoy día están trabajando, y que están bien; que están iniciando una familia, y sobre todo un camino por ellos mismos. Esos casos exitosos y de verdad, sí los hemos tenido, como esta nueva administración del Distrito Federal, preocupada y ocupada en los jóvenes, es tanto para que no delincan, y (respecto de) los que ya tuvieron el infortunio de estar en una situación así, se ocupa sobre todo de estos jóvenes en conflicto con la ley, y es a través de todas estas actividades que lo hace”.

La noche arrecia como vendaval sin rumbo, como dice otra canción. Han pasado dos horas desde que traspasé estas puertas. Antes de franquear las puertas de salida, pienso en esos muchachos que ahora duermen, y mientras observo las navajas colgantes de las altas paredes hallo empatía en mis bolsillos, empatía que resumo en una frase: Si para el visitante el tiempo cabalga a lomo de caracol…
Para mayores informes consulta: www.lei.org.mx; F: lab.expresionindependientelei; T: @lei_ong


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Por Miguel G. Galicia
Fotos: cortesía CEA-QC
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