jueves, 5 de abril de 2012

EL SUISEKI: EL ARTE DE CONTEMPLAR PIEDRAS

Al arte milenario regresará en breve al CCMB



Meditar a través de la admiración por la naturaleza. Basta observar una parte minúscula, apenas un ínfimo fragmento —representada en una roca— para hallar, según la filosofía zen, el equilibrio entre el cuerpo y el espíritu. El Suiseki es una actividad antiquísima, cuyos orígenes se remontan a varios milenios y a tierras orientales: China, Corea y Japón.

“Este arte, tiene una base filosófica; está fincada en la filosofía zen, porque por ejemplo (y toma una piedra oscura veteada en blanco) para mí esta piedra es una montaña, y estas líneas son unas cascadas; la idea es justamente que uno mismo descubra una imagen… El Suiseki provoca evocaciones; le da alas a la mente, a la imaginación, para llevarla a un estadio de tranquilidad”.

Lorenzo Contreras es ingeniero geólogo, estudió en el Politécnico y ha viajado tanto como ha podido, por trabajo en el ramo de hidrocarburos, y sabe de lo que habla pues desde hace un lustro se dedica a recolectar piedras.

“El Suiseki es el arte de contemplar piedras”, comenta y remata: “¿Cuál era el principio de la filosofía zen?: buscar el equilibrio entre el cuerpo y el alma; relajarnos; ¿dónde nos tranquilizamos más?, en la naturaleza”.

De acuerdo con el también profesor universitario, las rocas requieren de ciertas características para poder ser consideradas Suiseki; es decir, no todas pueden catalogarse de ese modo. Suiseki significa en japonés una piedra (seki) de agua (sui), entonces es una piedra que a través del tiempo, la erosión, el agua y los elementos del medio ambiente, forjan un paisaje en su forma.

Si bien deben representar un paisaje, como cavernas, mesetas, cascadas, deben ser esculpidas por la naturaleza, por lo que ninguna pieza que haya sido manipulada por el hombre entra en esa categoría; sin embargo, en los últimos años ya se admiten también las piedras con forma de objeto, animal, siempre y cuando se relacionen con la naturaleza.

Otro elemento para considerar como tal un Suiseki es su tamaño. Aquella piedra que quepa en la palma de la mano, y hasta la que pueda transportarse sin mayores dificultades; sin embargo en China existen excepciones pues se han hallado algunas realmente excepcionales, y cuyo tamaño es enorme.

Como las piezas se encuentran en el suelo, las montañas, los ríos, lagos, lagunas, desiertos, planicies, bosques, se encuentran contaminadas se debe limpiar y trabajarla; para eso existen varias técnicas. Esta etapa es sumamente importante pues si la pieza tiene alguna fractura o se encuentra dañada, no sirve.

Primero se traslada con sumo cuidado para protegerla y que no se maltrate, pues hay elementos de la roca que las vuelve frágiles, por ejemplo las vetas o las grietas; posteriormente se le limpia con cepillos de plástico; ya en rocas más duras, como las volcánicas, puede usarse un cepillo de acero, pero un alambre no muy grueso, y se debe hacer con sumo cuidado para no rayar la superficie. A veces se les deja remojando durante una semana en agua para removerle con más facilidad las impurezas.

Contreras advierte que como este tipo de arte viene del lejano oriente, está muy relacionado con el bonsái, pero nació antes; de ahí que existan dos grandes escuelas o tradiciones que definen sus reglas: la china y la japonesa.

“La tradición japonesa, así como en el bonsái y en todo lo que ellos hacen, es demasiado rígida y muy disciplinada; ellos no aceptan nada que no sea original; de hecho para lograr un brillo o pátina, ellos sugieren que se logre a través de los años y únicamente con el masajeo con las manos; no puede intervenir ningún otro elemento”.

Si bien la escuela China tiene muchas reglas, es más flexible; ejemplo de ello es que permite tener especímenes más grandes; no como los japoneses que prefieren piezas minúsculas; otra diferencia entre ambas tradiciones es que los chinos pueden tener Suiseki pequeños, pero las bases de madera donde se depositan pueden ser muy grandes.

Una más: para los japoneses, el Suiseki representa elementos horizontales, de formas suaves y obscuras; mientras que los chinos gustan más de buscar representaciones de elementos verticales, aceptan rocas de colores y con formas más puntiagudas.

Este arte empieza a extenderse velozmente; en América —Puerto Rico, EU— ya hay una presencia más fuerte de seguidores del Suiseki; también en Europa: Alemania, España —donde anualmente se celebra un certamen organizado por la Asociación Española de Suiseki—, Italia, Reino Unido y República Checa.

En México apenas hay unos cinco que impulsan este arte. “En nuestro país no hay un club donde se fomente esta actividad; ese sería un siguiente paso, tratamos adherirnos al club de bonsáis, porque tienen un origen muy similar”, refiere Contreras.

Sin embargo él considera que en poco tiempo eso puede cambiar, pues nuestra geografía permitiría convertirnos en potencia en poco tiempo, dado que existe una gran diversidad de rocas: sedimentarias, metamórficas, volcánicas.

Producto de su experiencia como geólogo, y como amante confeso de Suiseki, el investigador señala que en nuestro país hay estados con ciertas características para hallar determinados tipos de piedras: Puebla es rico en piedras calizas carbonosas de tonalidades oscuras; en Sonora se pueden encontrar piedras de belleza especial; allí hay muchas piedras con figuras metamórficas; al igual que Oaxaca; las piezas de Zacatecas son muy coloridas, pues esta entidad se ubica en el eje neovolcánico, así también Hidalgo.



Oriundo del Estado de México, Lorenzo Contreras acepta que la geografía lo marcó desde muy temprana edad. “Desde los cinco años me gustaban las piedras; haber vivido en la Sierra de Guadalupe, en Santa Clara Coatlicua o San Pedro Xalostoc, me marcó. A mí me gustaba mucho ir a la montaña, y siempre regresaba con las bolsas llenas de piedras; mi mamá me las tiraba”, comenta de buen humor. Esa preferencia lo llevó a decantarse por la geología.

Para él las piedras eran bonitas y no desaprovechaba ninguna oportunidad para hacerse de algunas, pero fue hace cinco años que decidió abrazar el Suiseki como forma de vida. En Texcoco se interesó primero por los bonsái, para luego culminar en su pasión: las rocas.

Hoy en día los Suiseki se montan de dos maneras: en una pieza de madera tallada a la medida de una sola pieza, llamada daiza; se pueden hacer con maderas varias, pero nunca resinosas, pues como están vivas, puede dañar la piedra; se recomienda que se usen las más suaves como el pino americano, aunque el mejor es el cedro rojo, o la amazonia. Las líneas de la daiza, deben armonizar con la roca.

También se pueden exponer en una bandeja plana y grande; al igual que en el arte bonsái, esta base puede ser de cerámica, e incluso de metal, de preferencia bronce.

De acuerdo con algunos expertos, al Suiseki se le relaciona con la ceremonia del té, en la cual mientras se celebra este ritual, se exhibe; también se muestra en Solitario como artículo decorativo.

El Suiseki es hoy por hoy uno de los artes contemplativos más antiguos —anterior incluso que el bonsái— cuyo origen se pierde en el mar del tiempo; quizás el hombre aprendió a amar a las rocas porque cuando él llegó, ellas ya existían, y creció como especie con ellas; o simplemente como dice este amante de piedras-paisaje: “Para esas culturas las piedras son parte del universo, de ahí su veneración”.

Luego de la exposición de Suiseki que el Centro Cultural Mexiquense Bicentenario organizó en días pasados, y de la respuesta tan positiva del público, ya se tiene planeado repetirla y nutrirla con más piezas. Para mayores informes sobre el tema, o recorridos, contactar a Lorenzo Contreras en el número 04455 55 30 41 97 15.


Miguel G. Galicia
Fotos Fátima Salvador
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