miércoles, 23 de mayo de 2012

Carlos Cazalis: El poder de la foto radica en “el otro”, en mi caso, de alguna insatisfacción




Carlos Cazalis es fotógrafo, mexicano pero del mundo. Ha viajado por muchos sitios. Brasil, Argentina, Costa Rica y Estados Unidos, cuenta sin pretensiones. "No tengo casa desde hace cinco años". Ha retratado la pobreza humana, los sintecho, los desposeídos, de las favelas en Brasil, a barrios pobres en Japón (en ¿¡Japón!?, sí, ahí descubrió uno). Todos ellos resultados de un sistema económico agotado. Su mayor inquietud es imprimir en la consciencia colectiva a los hijos bastardos del capitalismo; desheredados para quienes la palabra crisis económica tiene un significado diferente al del resto del orbe, desde hace mucho.

Él capta al ser humano aislado, deshumanizado, pero quizás, comparte desde su perspectiva, "el más libre", pues no tiene nada que lo ate, y puede ir a donde quiera. El fotoperiodista, tiene el acento del que no es ni de aquí, ni de allá; de huesos largos y barba de varios días, obtuvo uno de los premios más importantes del mundo en su especialidad: el World Press Photo 2009, en la categoría de Historias contemporáneas; por eso y porque no ha parado de recabar historias desde entonces e incluso desde antes, esta charla con él, en el marco de aquella premiación.

En la actualidad, el poderío de la fotografía halla eco en el "otro", en eso que cataliza en el observador, comenta, pues no basta capturar el momento preciso. "Yo creo que el poder de la foto radica en el público, porque yo puedo salir y hacer una foto extraordinariamente guapa, bella, contundente, importante, pero si el público no aprende a mirar, si el público no aprende a contemplar, y a tener paciencia a lo que está viendo, no sirve para nada, porque son ellos (los observadores) los que finalmente reciben la información y los que tienen que saber cómo procesarla y si hacer algo o no con ella".







Sentados en una banca del jardín del Museo Franz Mayer, en la Ciudad de México, donde la paz huele a cigarro de tabaco oscuro y clorofila, el joven nacido en 1968 en tierra azteca, revela un poco de su motivación al obturar. "En mi caso, el poder de mi foto creo que proviene de alguna insatisfacción, de alguna incongruencia, de alguna sicología molesta o conturbada, que me lleva a meterme en sitios en los que no debería estar, pero que hay que saber o hay que ver para que la gente no se olvide... Más bien eso es lo importante, que la gente no se olvide".

Esa relación entre el arte fotográfico y la manera en que el público lo interpreta, genera arte, le digo, a lo que él responde: "Eso es como el torero, porque el torero sale y da capotazos, pero si los capotazos no inspiran y el toro tampoco tiene nobleza, o clase, no pasa mucho; pero cuando sale alguien con un toro que es manso, y se empeña, y se esfuerza, y da un solo capotazo, que arranca un ole... entonces esa comunicación, como dices tú, el ole entra por la boca, llega al estomago y llega a las tripas, se expande por el cuerpo; y ahí empieza a suceder algo; y eso es lo que causa vida. Hubo muerte, no había nada, de repente sucede algo; dado que a partir de ese momento puede suscitarse cualquier cosa".

El fenómeno humano de observar nada tiene que ver con el origen étnico, es más, considera que "no lo puedes definir por una nacionalidad. Creo que el mundo ha dejado de observarse a sí mismo mucho, y cree que se observa muchísimo porque ve televisión. Ve TV y piensa que sabe todo lo que está pasando; lee una revista y piensa que ya lo sabe; pero la realidad la ve sobre papel o sobre la tela, o sobre… no lo sé. Creo que deja de mirar. Y por eso estas fotos de los indigentes…"



La placa que le dio el WPP2009, impacta. Pero cuando cuenta cómo la realizó estremece. No es una placa aislada, pues "para empezar son 12 clicks, porque es una serie de 12 fotos; sólo que una de ellas, fue la última que se hizo en la secuencia, irónicamente. Era un recorrido por el Centro de San Pablo, Brasil, con un amigo, buscando crimen. Él cubre la noche para La Folha de Sao Paulo, buscando lo mismo, pero de repente no pasaba nada y empecé a seguir mi trabajo de indigencia. Estábamos manejando con el coche y de repente vi, y dije ¿qué? Pedí frena, frena. Miramos por el parabrisas y dije ¡qué es eso güey! Era una bola blanca; vamos a ver qué es… ¡ah caray!, ¡es un ser humano!; entonces dices qué pedo, porque como está envuelto como una momia; no es que esté con una sábana, y hasta en una postura que es totalmente incongruente a todas las veces que ves a la gente acostada.

"Está sobre un material de estirofón, con un portafolios atrás, está frente a un jockey club de prestigio, con una columna de mármol. Me voy acercando y veo que tiene un agujero en la (altura de la) cabeza; entonces digo, ¿ah caray me está viendo?, o será que es alguien escondido, es un empresario secuestrado; es un empresario que se fue a dormir temprano para llegar primero a la oficina, ¿qué carajos es? Eso (la imagen) representaba la cúspide del proyecto porque era lo que quería decir; es un objeto más de la ciudad; es una cosa más en la ciudad, no es un ser humano, ya es un objeto.




Acaso ese momento congelado por su cámara describe la cúspide de la deshumanización; el hombre vive apretado y ante ese apretujamiento decide marcharse y aislarse, atajo, a lo que Cazalis, siempre atento a la charla, refuta: "No sé si es el lugar o la manera como viven (...) Se pierde el respeto de comunidad. Vivimos y no vivimos; vivimos en un proteccionismo, especialmente si vengo de una clase baja; porque tengo mucho más que perder; porque está el tipo que vive en una casa enorme, vacía espiritualmente, con sus hijos, no hay humanidad en la casa, son sólo objetos(...) El sentido que le damos a las cosas a los objetos, a la ropa que me pongo, nos deshumaniza, y nos pone una etiqueta: (unos dicen) pues yo soy un Armani, por eso soy importante, pero el güey que se pone los Adidas chafas que se compró en Tepito, no tiene el mismo ¿valor?

“Entonces la ciudad nos causa eso, la ciudad nos lleva a eso, porque nos mete en una situación capitalista, de competencia, de falta de tiempo comunitario; porque me subo al pesero con otras 50 personas sudando, de mal humor; me tardo tres horas en llegar al trabajo, y en esta ciudad tenga coche o vaya en autobús es lo mismo, ya llego estresado, llego cansado de la vida. ¿Y la ciudad qué me da?, nada. Dónde encuentras un parque, aquí no hay ni pasto, a dónde voy a un sitio que me haga sentir, al tocar una planta y distanciarme de mí mismo y acercarme a la tierra, a donde pertenezco, a lo natural".







Desde que iniciara su proyecto Ocupando Sao Paulo —de 2005 a 2009— en el cual se dedicó a atrapar imágenes de más de 468 familias hacinadas en edificios abandonados en la capital brasileña, supo que su ojo podía mirar más allá de lo evidente. "Cada ciudad es diferente. Al principio quería hacer todas las grandes ciudades del mundo, y luego terminé estudiando otras cosas, que fue por ejemplo lo que empecé a hacer de trabajo en Osaka, en un barrio de Kamagazaki, que es tan marginal como lo que era una favela antiguamente. Y quedó marginado como una parte de la ciudad para albañiles, y que ahora se reduce a hombres sin trabajo de los 50 años para arriba; indigentes, marginalizados por sus familias, porque perdieron el empleo, porque se divorciaron o porque no supieron simplemente… no sé, alguna… les falló algo en su humanidad".


De igual modo, ha fotografiado lugares como El Cairo, Ciudad de México, Osaka y Teherán. "Porque Teherán no solamente está en el foco de la atención hoy en el mundo; donde la gente se siente reprimida, observada, sin mucha libertad; en otras ciudades se va a Teherán a ser nadie, a perderse y a tener un poco más de libertad en una situación donde ya la libertad está muy controlada. Y eso causa una sicología donde la gente no sabe cómo actuar. Y precisamente estoy en una ciudad llena de gente —la mayoría del país tiene menos de 35 años— y no puedo ir y acercarme a una mujer y tener una relación social pública; la tengo que hacer dentro de las casas; eso limita la sicología de interacción del humano".




¿Qué has aprendido?, ¿ha tocado tu ser esta experiencia de vida?, ¿dónde vives?, ¿tienes casa? "No, no tengo casa hace cinco años, he tenido algunas casas pero ninguna me ha durado por más de seis meses. Ese es un problema personal y una elección que hice para poder sacar mi carrera adelante.

—De alguna manera es un punto coincidente con lo que haces...
—No, no es coincidencia, yo creo que realmente uno fotografía lo que es; entonces me puse a fotografiar el problema del hábitat en San Pablo por mi propia falta de casa, la cosa es que lo escribí después; pero luego me motivó a seguir haciéndolo, y ahora lo que trato de hacer con mi foto, además de hacer los temas que me gustan, es fotografiar mi propia experiencia de vida; en ese espacio y para eso tengo dos compromisos: Uno es no solamente poner mi percepción, mi opinión, sino entender también qué es lo que está pasando ahí, convivir y ser parte de ello, porque ya no puedo negar que cuando levanto la cámara profesional, mi fotografía reacciona y tiene una sicología por detrás, a menos que esté durmiendo.
Siempre es curioso poder observar, pero cuando observas alguien dormido lo puedes observas por horas.

—¿Te cambia?
—Te cambia todos los días.

—¿Y ganar el Word Press Photo?... son 65 mil personas las que mandaron fotos.
—Sí pero vamos a ver. Yo vengo fotografiando una situación global, de un problema de hábitat, que obviamente tiene fundaciones económicas, entonces yo gano el premio porque estoy hablando del hábitat, y porque estoy hablando de una crisis económica, y de una situación social internacional, que se viene agravando, que es la pobreza. Gano dentro de una lotería, porque supe estar en contacto con mi realidad; de acuerdo, pero que hay fotógrafos que no ganaron ese premio y tienen mucho más talento que yo, sin duda hay.





Los trabajos ganadores del WPP2009 tienen un común denominador: el desplome del capitalismo, hago hincapié. "Eso es creo, lo más responsable que tenemos que hacer; pero también es lo que los jueces determinan; por eso un premio le da a esta foto este valor y otro premio no; igual esta foto pudo haber ganado una mención honorífica en un premio muy importante. Es la valoración, pero al final lo importante es que la foto sale, y que se sepa; porque lo que la fundación hace no es nada más darte el premio, la fundación lleva la exposición a varios puntos del mundo y eso es lo que ayuda a que la información llegue a donde no pudo llegar por un medio de comunicación sólo".

La fuente frente a nosotros sigue escupiendo pequeños borbotones acuosos. La noche aún en pañales, llega con sus aires nuevos. Nos despedimos, y ahí está él, Carlos Cazalis, fotógrafo reconocido, viajero irredento, con su carga emotiva detrás de su lente, y ese ojo avizor, dispuesto a regalarle “al otro” (nosotros, los observadores) instantes cuya crudeza remueven algo en la entraña, para provocarle un ole. Mujeres, niños, hombres desamparados; muertos y vivos, dormidos y alertas, en ciudades perdidas; moles inmensas con piel de hormigón y alma de varillas, fría como las miradas de quienes desafían su cámara con sus ojos infinitos o sus presencias libres pero desahuciadas.








FOTOS: colectivococinarte.blogspot.com, http://peeepl.com/people/carlos-cazalis/ CENTRO DE LA IMAGEN/ http://elblogdeldolape.blogspot.com/
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